
Puede haber sido heredado, puede haberse roto la correa definitivamente y los has reconvertido, puede ser una herencia familiar, pero lo que está claro, es que los relojes de bolsillo destilan un aire imposible de superar para quien lo lleva. Podría decirse que son eminentemente masculinos, pero las modas cambian. Eso sí, suelen ser piezas maestras cuyo valor realmente es incalculable.
Quiero presentaros una de esas piezas antiguas. Está fechado en 1790, su constructor es Moré a Geneve, firmado en máquina y esfera. La caja es muy sencilla, recubierta de oro liso. La esfera es de esmalte blanco sobre cobre, con numeración árabe (a mí son las que más me gustan), y las agujas también son de oro. Toma de cuerda está a la altura del 2. ¿Una curiosidad? Hacia finales del siglo XVIII la campana desaparece de los relojes con sonería para ser sustituida por el “gong”. Esta pieza todavía mantiene la campana atornillada al fondo de la caja.



