
Hablando de islas privadas, parece que esta semana me persiguen. Si de pequeña hubiera sabido de la existencia de Necker Island, cuando me hubieran preguntado qué querría ser de mayor hubiera respondido: quiero ser como Richard Branson.
Y, tras ser un empresario de élite y fundar Virgin, compraría una isla privada de 30 hectáreas en las Islas Vírgenes del Caribe el año 1.979. Me pondría una camiseta estampada: ‘vivo en Necker Island’ y pasaría más de los tres meses al año de los que vive en ella su propietario.
Llegar hasta ella significa volar hasta Saint Martin (mi hermana pasó ahí su luna de miel), una hora más hasta llegar a la isla más próxima, Tortola, y ya con 40 minutos de barco te plantas en tu isla: eres el rey.










