
Me encanta el arroz negro: es uno de mis platos preferidos. Lo disfruto, lo saboreo, nunca sé si me apetece un buen vino blanco o tinto con el plato pero da lo mismo: es delicioso. Pero es un plato que puede crear cierta incomodidad entre los invitados por la tinta.
La tinta negra que se utiliza para cocinar el arroz va a dejar dientes, lengua y boca de tus comensales negra hasta después del postre. No se disuelve ni con el vino. El hecho de abrir la boca para introducir el tenedor, hablar entre bocado y bocado o sonreir va a dejar al descubierto toda esa oscuridad apetitosa pero nada elegante.
Si estáis entre amigos íntimos o la familia, y el arroz está suculento, ¿a quién le importa? A mí seguro que no. Pero si hay invitados o es una comida de compromiso, guárdate de servirlo aunque seas el mejor especialista en arroz negro o hayas descubierto el mejor catering del mundo.



