Es la ilusión de mi vida para la casa de mis sueños, después de un cuarto de baño alucinante, es tener mi propia sala de cine en casa. Con sus butacas de terciopelo rojo, confortabilísimas y con más espacio entre las filas que los cines de verdad.
No importa que la empresa que diseña y contruye estos teatros privados sea de Miami: que venga todo el batallón si es necesario. Las palomitas ya las llevaré yo. Y la coca-cola no será de máquina.
Será genial no sólo ver películas sino pasar presentaciones de fotos especiales por los aniversarios, cumpleaños o la cinta de los viejos tiempos por Navidad.








