
Hemos visto (poco) de la que ya es la “boda del año”. Y eso es lo que más me ha llamado la atención. Fuentes desde Arteixo me confirman que el mismo viernes el padre y padrino de la novia, fue normalmente a trabajar hasta mediodía, como un viernes cualquiera.
Y esa ha sido la tónica de la boda de Marta Ortega y Sergio Álvarez, la normalidad. La Coruña se ha cerrado en un extraordinario mutismo en torno al enlace de la benjamina de su hijo predilecto. Pudiendo, no ha querido casarse en ninguna playa caribeña exótica, ni siquiera venirse a Madrid, como apuntaban algunos. ¿Por qué iba a hacerlo?











