
Que a todo el mundo se le cayera la baba viendo bajar a Julia Roberts como protagonista de la película Pretty Woman en batín por el ascensor hasta el comedor del piano, es una cosa. Otra muy diferente es la vida real y lo chocante que resulta ver que en la mesa de al lado hay un huésped desayunando en pijama.
La misión de cualquier hotel que se precie es hacer que su cliente se sienta como en casa. Pero en casa no vas a desayunar pasando delante de la camarera de habitaciones, del conserje del ascensor o del recepcionista. Puedes sentarte incluso a la mesa de la terraza con pijama o bata.
Pero no en el hotel, a menos que no te importe hacer el ridículo. Este es un mundo libre y tú eres el cliente pero los demás clientes se van a reír un rato de tí. El mismo comentario sirve para los que bajan al buffet en chándal o vestidos de una manera informal poco apropiada. Digo los demás clientes porque los camareros están curados ya de espantos.
Foto | jay.tong
En Embelezzia | Apuntes sobre protocolo y etiqueta



Comentarios
jajajajaja!!!!! Que gracia leer este post ahora que vivo en un hotel!!!! jajajajaja!!!! En fin... yo no lo haría. Ni deharía el bolso en el suelo ;)
interesante
como la mítica frase de 'lo que el viento se llevó', a Dios por pongo por testigo que jamás en chándal! Prefiero el pijama, de veras!
Lo cierto es que resultaría una imagen bastante cómica ver a alguien en pijama desayunando en el restaurante del hotel. Existen mejores formas de resultar hortera sin tener que molestar al resto de clientes.
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