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Ayer tuvimos el privilegio de acudir a La Quinta de Jarama a una cata de uno de los champagnes más famosos del mundo, Moêt&Chandon. De la mano del enólogo de la casa Xavier Monclús, responsable de enología den Europa del grupo LVMH, pudimos degustar una serie de vinos de la famosa región francesa, aprendimos a abrir las botellas de manera adecuada, la temperatura ideal para beber tan preciado líquido y a maridar con los mejores platos.

La floristería “Imagínate la luna” fue la encargada de los preciosos centros otoñales que decoraban las mesas, con un estilo muy vintage, muy romántico y adecuado para el evento. Y con esa “mise en scene” se desarrolló una de las catas más divertidas a las que hemos acudido.

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Xavier Monclús nos guió como profanos que eramos, por los entresijos de la cata, explicando con chascarrillos y citas literarias cada paso del mundo del champagne, desde el terroir, su proceso de producción, el mundo que le rodea y el servicio en la mesa, sin caer en costumbres de “marisquería cutre”.

Xavier Monclús nos explicó todo el trabajo de selección de las uvas, las añadas (que al champagne no le afectan tanto como a otros vinos),el riguroso proceso para el que los expertos de Moët&Chandon realizan más de 1000 catas de alrededor de 800 vinos, reunidos en 5 grupos de unos 150 vinos.

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Si lo que estáis pensando es que el champagne es el vino más difícil de hacer del mundo, la respuesta es que sí, al menos el champagne de categoría.

Primera lección de Xabier, hay que recibir con champagne y comer con champagne y despedirnos con champagne. La experiencia de acompañar toda una comida con un buen champagne, seguro de que es “el maridaje más inteligente” porque el champán no interfiere con lo que comemos. El Môet&Chandon es difícil de retener en el paladar, ya que se bebe fácilmente.

Para servir el champagne hay que tener arte o un cuidado aprendizaje. Fundamental no enfriarlo en exceso porque por debajo de los 5° de temperatura no hay sensaciones. “Cuanto más enfriamos un buen champagne, más nos acercamos a un Don Simón” (Xavier Monclús, dixit)

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El Moêt&Chandon debe servirse a 9° centígrados y el mejor sistema para enfriar una botella de champagne el meterla durante tan sólo 30 minutos en una cubitera o champanera, rodeada de ¾ partes de hielo y agua hasta los hombros de la botella. Atención que no es el hielo el que enfría, sino el agua.

Así se abre una botella de MÒET

Una botella de Mòet no se abre de cualquier manera, ni que hacer una fuerza especial, sólo seguir unos sencillos pasos, que ya os diré si son tan fáciles como la destreza de Monclús hizo que pareciera.

Sacar la botella de la champanera y secarla bien con el llamado lito( que es ese paño blanco que en los restaurantes dejan los camareros sobre las botellas en las champaneras) Sólo se utilizará para secar debidamente la botella y que no se nos resbale de las manos. Una vez seca, el paño ya no se vuelve a utilizar en el servicio del champagne, por favor, un Môet servido de una botella arropada en un paño es menos Môet, así que cuidado.

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Debemos colocar la etiqueta hacia arriba y hacia delante, no porque nos deje encantados pensar que nos vamos a beber semejante delicia, sino porque facilitará encontrar el punto donde está la anilla negra que rodea al tapón y la capucha.

Hay que recordar coger la botella en lo alto del cuello de la misma poniendo el dedo pulgar en su parte más alta, presionando un poquito el corcho.Nada de botellas torcidas, vamos tirando del precinto hasta que el capuchón quede totalmente libre y el corcho saldrá sin hacer el más mínimo esfuerzo.

Si eres un profesional, no hace falta que mires, como yo soy muy consciente de lo que hay en una botella de Môet, voy a mirar un poquito con disimulo hasta encontrar en ese mismo punto la anilla de alambre que forma parte de la brida que sujeta el corcho. Con la mano derecha giraremos seis medias vueltas en sentido contrario a las agujas del reloj, dejando la brida suelta que se deslizará también sin problemas. Así no tenemos ninguna necesidad de empezar a darle vueltas al corcho haciendo esfuerzos.

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Sujetamos la botella por su parte inferior con la mano derecha y sin esfuerzo, la hacemos girar apoyando la parte de arriba en la mano izquierda.Entonces, el corcho comenzará a subir, girando sólo.

Otro detalle fundamental para no ser el típico hortera que lo mismo abre una botella de Môet&Chandon que sidra El Gaitero. El tapón debe salir sin producir ningún ruido ni taponazo espectacular, parafraseando a Óscar Wilde, debe sonar, simplemente… “como el suspiro de una mujer”.

La cata de Môet&Chandon

Y sin más pasamos a la cata de Môet&Chandon Brut Imperial, un vino blanco a base de uvas Chardonnay, Pinot Menier y Pinot Noir a partes iguales, que es unos de los más criticados del mercado, para bien o para mal. Personalmente me resultó delicioso.

La espuma blanca bajando delicadamente nos habla de su calidad y las diminutas burbujas subiendo sin parar de su elaboración y buen envejecimiento en la botella (por eso el champagne nunca tiene las notas de madera que apreciamos en la cata de vinos blancos envejecidos en barrica). Un dato curioso, el efecto de las burbujas lo producen las imperfecciones de las copas. Moët&Chandon suele tener unas copas especiales en la que las mismas copas disponen de unos puntitos casi imperceptibles en su fondo, para facilitar la creación de las burbujas.

Es fundamental hundir bien la nariz en la copa para apreciar todo un universo de olores el paladar, el Brut Imperial se muestra con buena intensidad, fruta blanca en compota, notas amieladas y pan tostado.

El paso por boca, potente, fruta blanca muy madura, fresco, vivo, con cuerpo, notas tostadas, buena acidez y equilibrado. Fácil de beber y con un puntito de acidez que pasa volando. Simplemente delicioso.

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El segundo champagne de la cata era un Môet&Chandon Rosé, unos de los Môet más vendidos del mercado y ahora entiendo porqué. Haciendo historia, la inventora del Rosé fue una dama muy famosa y apreciada, la Viuda Clicquot. A tan especial señora se le ocurrió hacer una champagne blanco, pero añadirle vino tinto. Atención, no sangrado, que es un proceso diferente de baja calidad.

El assemblage del vino tinto le confiere femeninos reflejos cobrizos.Un vino rosado con reflejos ligeramente cobrizos, que echa por tierra cualquier parecido con los rosados que cualquier nacionalidad. Aromas expresivos con predominio del olor a fresa del bosque y grosella. Notas picantes. Ataque con carácter afrutado, explosivo y espontáneo, centro de boca tierno, final fresco y suave.

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La Quinta de Jarama nos obsequió con una fantástica merienda obra del chef José Sánchez León, responsable de la gastronomía de la finca, con un espectacular buffet salado con jamón ibérico sobre tostas de pan de tomate, sashimi de salmón, un delicioso salmorejo y lo que me encantó, tostadas con foie y sal gorda… La parte más dulce la protagonizó el impresionante buffet de chuches, chupa chups de chocolate, macarrons, unos ideales cupcakes en miniatura y mil golosinas más.

¡Una tarde de color de rosa, o mejor dicho…Rosé, Môet&Chandon!

Fotos | Beatriz Goiri
Más información | Môet&Chandon, La Quinta de Jarama, Imagínate la luna
En Embelezzia |Gad Elmaleh firma la botella Jeroboam de Moët & Chandon en el Festival de San Sebastián

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