El joven Van Dyck muestra su arte precoz en el Museo del Prado

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Llevaba tiempo queriendo acercarme al Museo del Prado, el museo favorito entre los favoritos para disfrutar de la exposición “El joven Van Dyck”, comisariada por Alejandro Vergara, Jefe del departamento de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte del Museo Nacional del Prado, y Friso Lammertse, Conservador del Boijmans van Beuningen Museum de Rotterdam.

Nacido en Amberes, Anton Van Dyck fue un pintor flamenco especialmente dedicado a la elaboración de retratos. La exposición que podrá visitarse hasta el 3 de marzo de 2013, nos ofrece la visión de un Van Dyck primerizo, desde sus primeros tiempos en el taller de Hendrick van Balen, uno de los pintores más destacados de Amberes. Del taller de Van Balen pasó probablemente al de Pedro Pablo Rubens, de quien fue alumno y amigo y del que asimiló la técnica y, en parte también el estilo.

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La mayor parte de las pinturas que se reúnen en la exposición las hizo en su Amberes natal, antes de partir en 1621 a Italia. Tan solo siete están fechadas. Desde aproximadamente 1613 hasta 1618, año en el que se inscribió como maestro en el gremio de pintores de la ciudad, Van Dyck cultivó estilos distintos. Los primeros contactos entre Rubens y el joven van Dyck se remontan a 1615, cuando Anton abrió un taller personal.

Muchos importantes pintores de Amberes, como Frans Snyders, visitaban el taller, para darle consejos o simplemente para observar el trabajo del joven talento. Algunos años después Anton entró efectivamente en el taller de Rubens, del que había podido admirar los grandes retablos conservados en las iglesias de la ciudad. Durante los años de colaboración actuaban del siguiente modo: Rubens buscaba los encargos, preparaba los borradores y los diseños preparatorios, pero luego era Van Dyck quien ejecutaba la pintura.

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Testigos de esto son las numerosas obras del período, como las Historias de Decio Mus, de carácter profano, y la decoración del techo de la Iglesia de san Carlos Borromeo de Amberes, de carácter sacro. En los que son probablemente sus primeros cuadros le vemos un tanto vacilante en el tratamiento de las anatomías, pese a lo cual demuestra poseer ya una fuerte personalidad y una tendencia a experimentar.

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Obras como el Sileno ebrio y La Lamentación están más logradas que otras que se presentan en el inicio de esta exposición. Van Dyck experimenta en ellas con unas formas de expresión que remiten a la pintura veneciana y a la de la pintura flamenca del siglo XV.

Desde aproximadamente 1617 hasta 1621 Van Dyck simultaneó su colaboración en el taller de Rubens con su trabajo independiente. En los cuadros que pintó en su propio taller, la influencia del maestro se combina con un lenguaje muy personal, visible en el gusto por las texturas y en unos tipos físicos toscos y nada idealizados.

En la exposición pueden verse varios cuadros en los que se aprecia esa original combinación de elementos propios y ajenos. Son obras de una energía y una madurez sorprendentes para un artista que contaba solo entre 18 y 21 años.una más que ambiciosa exposición, que reúne casi un centenar de obras juveniles de Anton Van Dyck (52 pinturas y 40 dibujos) en dos salas de la ampliación.

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Van Dyck colaboró con Rubens desde al menos 1617 hasta 1621. En su taller, formaba parte de un equipo de pintores que ayudaba al maestro pintando algunos elementos de sus cuadros o realizando versiones que luego él retocaba en mayor o menor medida. Con el tiempo Van Dyck acabó por destacar sobre los demás ayudantes. En marzo de 1621 Rubens firmó un contrato en el que se estipulaba que diversas obras debían ser realizadas por él mismo y por ‘Van Dyck junto con otros discípulos’. A ninguno de esos otros discípulos se le menciona por su nombre.

Rubens preparó de tal modo a Van Dyck que llegó un momento en el que el alumno era capaz de imitar a la perfección el estilo del maestro. Realizó dibujos que Rubens utilizaba como modelos en sus cuadros y, a la inversa, otros basados en ellos para que pudieran ser grabados. La buena relación que le unía con su mentor se refleja en que éste le permitiera emplear dibujos y modelos suyos, como hizo por ejemplo en la Coronación de espinas.

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En toda la producción juvenil de Van Dyck se aprecia una experimentación constante, que se manifiesta en sus frecuentes cambios de estilo. Es probable que, al mismo tiempo que trabajaba para Rubens y elaboraba una versión personal del estilo del maestro, fuera desarrollando también una manera de pintar más propia. Así lo indican obras que contienen una serie de figuras de gran originalidad, y en las que le preocupa menos la impresión de relieve que la fluidez de la pincelada y la estilización de las formas. Estas características están presentes en cuadros como San Sebastián atado para el martirio y El Prendimiento, que probablemente están entre los últimos que pintó en Amberes antes de partir rumbo a Italia en el otoño de 1621.

Cuando Rubens, se dio cuenta de las capacidades del joven alumno, que habría podido ensombrecer su nombre, hizo todo lo posible para alejarlo de Amberes, obteniendo cartas de recomendación y garantizándole la ayuda de ricos personajes, sea ingleses, como el conde de Arundel, sea italianos.

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Se incluyen en esta exposición dos variaciones del cuadro San Jerónimo con el Ángel. La realización de varias versiones de un mismo cuadro era habitual desde el Renacimiento, pero Van Dyck cultivó con especial frecuencia esa costumbre, que le permitía incrementar sus beneficios.

Sin duda una de la exposiciones del año en el 193 aniversario de la mejor pinacoteca del mundo, “El joven Van Dyck” en el Museo Nacional del Prado

Más información | Museo del Prado
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